12.12.09
La iglesia y yo II // Testamento
La Iglesia y yo
Y sólo se me ocurrió que lo más traumático sexualmente hablando que me pasó de pequeña fue saber que ese juego fascinante que jugaba con la vecinita era anormal, y que Dios seguro estaba enojado conmigo por eso que hacíamos. A mis padres tenía la ventaja de poder ocultárselos, no así a Él.
Y desde pequeña nomás empezó la comezón de cabeza...
13.5.09
hoy no estoy
Hoy extraño vivir en otra ciudad. Extraño a mis amigos, los tiempos, los sueños, los proyectos; sus caminos posibles. Me doy cuenta que no me gusta vivir acá, que a veces no lo razono pero me pesa más de lo que re-conozco vivir aquí. Hay algo que me oprime. Levemente, pero me oprime,
En este momento quisiera salir, cruzar la plaza, caminar unas cuadras, entrar a un café. Havanna quizás. Sacar un libro, o una libreta y escribir. Pero colgarme sobre todo mirando pasar gente. Colgarme, así.
Hoy no quiero estar acá.
11.4.09
De veras me cuesta entender qué le ve de tan complejo la sociedad a una relación heterosexual homosexual (el fallido es mío). Me da que pensar que realmente algo raro ocurre por la intensidad del rechazo, por el asombro que genera. Pero a la vez, tengo mi vida amorosa tan bien, tan jodidamente bien, que no veo qué es lo que hay de malo en eso, no puedo comprender lo escandaloso que los demás ven en una vida tan común y tan linda a la vez.
Sé que me estoy perdiendo de algo, que hay un desfasaje en mí percepción de algunas cosas. Recuerdo que alguna vez quizás a mí también me resultó tan extravagante. Pero no logro sentir aquello. Hasta me resulta absurdo.
Afortunadamente he sido más fuerte que mi miedo, que la presión externa, que la culpa, y me he permitido vivir esto mágico que sucede. Pero sin embargo nunca puedo olvidar del todo que esta felicidad parió también su dolor.
27.9.08
¿?
¿Cuáles serán las implicancias psicológicas de la unión civil o el matrimonio homosexual? siempre escucho hablar de las económicas o sociales, pero nunca de la subjetibvidad.
alguien ahí?
4.6.08
descompuesta…
estoy de leer los comentarios de lectores del diario La Nación sobre el proyecto de ley que habilitaría los matrimonios homosexuales. El nivel de ignorancia que exhiben gran parte de los comentaristas, amén del casi nulo afecto al diálogo fructífero más allá de las opiniones que cada uno tenga es desconcertante dado el nivel educativo que se presume posee esta gente. Y con nivel educativo me refiero al extenso tránsito por el sistema educativo formal y un acceso al consumo cultural medianamente amplio, evidentemente no a los efectos que semejantes ventajas podrían haber aportado a sus intelectos…
Lo más triste es que no hay argumento que valga ante tanto odio, tanta ceguera y tanta confusión. Y lo más patético la remanida apelación a los legados de la naturaleza, como si ser seres humanos no se tratara justamente de ser algo más que meros productos naturales ¿cómo carajos piensa esta gente que puede estar leyendo algo que llamamos diario en otra cosa que denominamos computadora rodeados de un montón de cosas, enmarcados en otro montón de convenciones, que no son precisamente legados "naturales"? Como bien dice algún que otro comentarista más lúcido por ahí, si alguno de ellos necesita un transplante quizás debería replantearse obtenerlo, porque es algo bastante antinatural…
Se me revuelve el estómago de asco, de bronca, de impotencia.
Si alguno quiere husmear, aquí dejo el link
3.6.08
Más vale tarde, dice el refrán
jorge álvarez, marga, mariasimona, triana, tanais, akaotome, t. y pao.
Y también a lxs que pasan, leen y no comentan, pero vuelven (yo soy de esas). Y a lxs que no vuelven también, sólo que no van a leer esto, claro.
Saludos!
18.3.08
Razones prácticas por las que salir del armario
Recogiendo el guante que soltó Marga en su blog respecto de las ventajas de salir del closet, sumo las mías a continuación de que sugirió ella (y cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia).
Dijo Marga:
Si salís del armario no tendrás que hacer estas cosas nunca más:
1 - Inventarte un novio que viva muy pero muy lejos, preferentemente en Estados Unidos o Francia (y pasarte horas escribiendo su nombre en un cuaderno).
2 - Rechazar -con las más diversas excusas- los intentos de tus amigas o compañeras de trabajo de presentarte a algún chico para salir (yo llegué a rechazar una cita argumentando que a mí me gustaban los hombres con barba ¿?).
3 - Hablar en neutro cuando llamás por teléfono a tu chica, preguntándole por ejemplo: ¿te cansaste mucho?, en lugar de: ¿estás muy cansada?. Ahora ya he perdido la práctica, pero años atrás me había convertido en una experta en conversaciones telefónicas donde no se me escapaba jamás una palabra que pudiera delatar el género de la persona con la que hablaba. Supongo que a los que me escuchaban (yo llamaba desde el trabajo) les resultaría bastante patético.
4 - Mentir que vas a pasar una noche de estudio en la casa de una compañera de Facultad (y tener que cargar con carpetas y libros que no pensás abrir, al menos no esa noche).
5 - Comprometer a tus amigas para que te cubran con tu madre diciendo que esa noche vas a salir con ellas, cuando en realidad te vas a ver a tu novia.
6 - Engañar a tus tías ratificándoles esa idea que se fueron formando de que no tenés novio porque estás estudiando mucho y primero que nada querés terminar la carrera.
7 - Engañar a todos dejando que sigan creyendo que ese amigo gay que te acompaña a todos lados en realidad es tu novio.
8 - Pasar por una mujer solitaria, pacata o puritana en los círculos hetero, cuando en realidad sos una persona normal capaz de divertirte y amar tanto o incluso más que ellos.
9 - Tener que presentar a tu pareja como tu hermana, tu prima, tu socia, tu hija, tu madre o lo que sea, tratando de recordar a quién le dijiste cuál de esos vínculos para conservar una supuesta coherencia...
10 - Vivir todo el tiempo con miedo a que alguien descubra que sos lesbiana.
A lo que agrego:
1 - Los compañeros de trabajo dejarán de elaborar intrigas motivadas por nuestro persistente silencio acerca de nuestra vida privada; y los matrimonios de jefes y compañeros con los que nos llevamos bien dejan de estar en peligro por el incalculable daño potencial que pueden causar los rumores malintencionados, que nos vinculan sentimentalmente.
2 - Ese tipo que te ve sola en todas las fiestas e insiste porque no puede entender que no le des bola no te jode más y hasta resulta una buena compañía para charlar.
3 - Si bien no garantiza que tu pareja sea invitada a participar de los eventos familiares, siempre podés declinar los compromisos por esa falta de consideración y no tenés que caretearla.
4 - Previendo que te pase algo y tu mujer pueda ser despojada por tu familia, si ésta tiene algún escrúpulo podés lanzarles una maldición de modo preventivo (en tanto en cuanto no salga una ley que nos permita protegernos, creo que la superstición puede ser efectiva).
5 - Podés poner en su lugar, liberada del "temor a ser descubierta", a ese conocido pelotudo que de cada cinco cosas que dice tres son chistes homofóbicos.
6 - No tenés que bancarte estoica y sonrientemente al mismo pelotudo del ítem anterior.
7 - Se te va yendo el miedo. El miedo permanente a ser descubierta "en falta": mirando de más a una mujer, oteando un escote, teniendo gestos con alguien que te gusta, que "se te note" por la ropa, los gestos, los amigos, el pelo o los libros que leés.
8 - Dejás de sentirte avergonzada por entrar a páginas de lesbianas a leer las historias de otras mujeres a las que le pasa lo mismo que vos. O parecido. Y por lo tanto ya no tenés que esperar a las 4 de la mañana cuando todos duermen después de inventar mil trabajos para quedarte hasta tarde esperando el momento propicio.
9 - Ya no tenés que ocuparte de borrar historiales ni estás sobresaltada todo el tiempo por si entran cuando estás en esa página.
10 - Cuando alguien hace un comentario del tipo "viste fulanita, es torta! Qué asco!" ya no tenés que fruncir la cara y decir puaj y reirte con el otro mientras te sentís la peor cucaracha del mundo, la más falsa.
11 - Ya no sentís tanto miedo de que hablen así de vos, ni vergüenza porque deseas a otra mujer, ni envidia de fulanita, la del punto anterior, porque es torta y se la banca. Vos también podés bancártela, y lo vas descubriendo.
12 - Ya no es necesario inventar explicaciones del tipo místico-religioso para encubrir tu -supuesta o no- abstinencia sexual.
29.2.08
breves
Algún día escribiré sobre las vicisitudes de ser madre por opción. Madre adoptante (aunque no legalmente).
Un anticipo:
Es mágico.
28.2.08
Epistolario I
Aunque quiera no puedo dejar de pensar en vos. Ni de estar triste.
Me preguntó qué pensarás. Qué pasará por tu cabeza. Qué cuernos crees que pintás en esta historia. Me pregunto, sobre todo, cómo es posible.
Cómo es posible?
Aún me cuesta creerlo.
Hay días en que extraño tu abrazo, tu voz, tu olor, tus mimos de una manera intolerable. Y el teléfono no suena, o suena pero está lleno de palabras huecas.
Necesito tu amor, mamá. Pero dónde está tu amor?
Escucho: "en el país denomeacuerdo… doy tres pasitos y me pierdo…. Un pasito para allí…no recuerdo si lo ví….un pasito para allá… ay! Que miedo que me da!"
La oda a la negación. A eso jugás vos… a dar tres pasitos y perderte. Perderme, perder mis reclamos. Olvidarte donde pusiste el otro pie.
Me gustaría que supieras quien soy. A qué le tenés tanto miedo? A que me despierte cada día al lado de una mujer? A que la sociedad me castigue? A que me equivoque? A que mi modo de vivir desafíe los tuyos?
Mi mujer es mágica y me hace feliz. Mi mujer es absolutamente maravillosa. Es mi sueño. Es mejor que cualquiera de mis sueños, porque es de carne y hueso, y respira y me habla y me colma de mimos. Mi mujer es amorosa, en el más amplio sentido de la palabra. Mi mujer es amable, también en su sentido más cabal. Compartir la vida con ella me ha insuflado valor, y ánimo, y esperanza. Mi mujer es capaz de hacer del mundo un lugar hermoso.
Yo nunca creí que el mundo fuera un lugar bello. Nunca. No al menos desde que tengo memoria.
Deberías estar agradecida de que mi mujer exista, porque muy a pesar vuestro me ha llenado de vida.
Aún así, te extraño, los extraño. Y me duelo, me duelo todo el tiempo por no ser la que ustedes concibieron.
26.2.08
Hubo un tiempo que fue hermoso
O quizá no tanto ¿no? Pero lo pretendíamos.
Hubo un tiempo en que volver a mi ciudad era una alegría para mis padres, hasta un reclamo insistente a veces. Hubo un tiempo en que sabía que era bienvenida y que podría pedirle a mi mamá alguna de mis comidas favoritas, de esas que le salen tan bien. Hubo un tiempo durante el cual tuve la tranquilidad de saber que contaba con un techo, que siempre contaría con un techo al que podía llamar "mío" porque mis padres lo habían construido para mí y mis hermanos.
Hubo un tiempo en el que la heladera estuvo llena cada día, estuvo incluso hasta demasiado llena a veces. Hubo un tiempo durante el cual me creí aquello de que los padres están siempre para lo que sea y pese a todas las cagadas que los hijos nos mandamos. Hubo un tiempo que soñé que esa casa que construyeron pensando en que la ocupe el primero de sus hijos que volviera al terruño podía llegar a ser mía, entonces, puesto que soy la única que está volviendo y que posiblemente vuelva jamás.
Hubo un tiempo en el que mis amistades eran bienvenidas a su mesa. Hubo un tiempo en que su casa, la casa de mis viejos, era mi casa. Hubo un tiempo en el que se suponía íbamos a cuidar siempre unos de otros.
Hubo un tiempo en que "nosotros" quería decir mis viejos, mis hermanos y yo.
Hoy hace poco más de dos meses que no los veo. Casi el mismo tiempo que no los llamo. Vuelvo casi cada semana a mi ciudad pero no soy invitada a su mesa. No tengo casa y el alquiler que pago representa el 60% de mi sueldo. Mi heladera consume más de lo que conserva. Durante este último año he hecho decenas de trabajos que ni sabía era capaz, para detener la estruendosa caída de nivel de vida que protagonizo, mientras el resto de mi familia de origen vive muy tranquilamente. Mis seres queridos tienen vedado el ingreso a cualquier lugar significativo de mi historia. Yo misma siento que ya nunca podré recuperar lugares y objetos significativos de mi historia.
Hace meses, meses, que no pruebo algunos sabores que me acompañaron toda la vida. Se me empiezan a borronear sus caras vistas de cerca, algunos detalles de sus manos, sus olores. Papá debe tener menos pelos, más canas, seguirá tan tenso e infeliz como siempre; la piel de mi mamá debe seguir afinándose y sus carnes deben estar más blandas, de ella conservo más presente el color de su voz porque cada tanto me llama o sé de ella.
Mi perra estará más vieja y más boba, se mearía encima si me viera. ¿La gata vivirá todavía?
Qué habrá sido de mi cuarto? Y de mis cosas?
Ya no hay nosotros para mí, sólo ellos.
psicología y (des)orientación sexual III
Más tarde tuve un novio y sentí alivio. Lo quise, me inventé que me había enamorado (pero sólo nos llevábamos bien), tuve mis primeras relaciones sexuales y fueron buenas… parecía que, finalmente, era normal. No tenía nada que temer.
Me lo creí por un tiempo.
Como era previsible, la relación se terminó. Hubo algún que otro tipo de manera esporádica, el sexo más o menos placentero, el interés bastante lánguido y la sospecha creciente de que, no digo fuera lesbiana pero sí que algo "malo" me ocurría con los hombres.
Entonces empecé terapia otra vez. Los motivos eran varios pero ése era uno de los principales, aunque no el más urgente.
Cuando mencioné un buen día aquello que pensaba, la psicóloga que andaría con su atención flotante se incorporó, se inclinó hacia mí, hizo un alto en mi relato y con el mismo tono grave que la anterior, dijo: "esperá, esperá…. Vos…. Estás queriendo decir que… no te gus…" NOOOOOOOOOOOOO, respondí yo, sin dejarle terminar la frase. No, no no! Sólo que me cuesta enamorarme...
Y otra vez clausurado el tema. Me pareció que iba a decir algo tan serio, tan peligroso, que mejor callarme.
Después la vida me cagó bien a trompadas y cuando me repuse, y tras casi cuatro años de terapia ininterrumpida, decidí que era hora de enfrentar el tema, que estaba lista para hacerlo, que era necesario que lo hiciera si quería vivir bien alguna vez, porque no podía quedarme con la duda.
Antes, me lo pregunté varias veces a mí misma: "soy lesbiana? Seré lesbiana? Será un antojo? Será por la soledad? Soy lesbiana???"
A ella se lo dije, no sin esfuerzo, de manera más indirecta. Llegué esa tarde sin poder hablar de nada, muy nerviosa, repitiendo "no sé qué decir, no sé qué decir".
- Qué no sabés decir? Me espetó.
Entonces le hablé de cierta ambigüedad sexual, que no lograba terminar de engancharme con los hombres, que no entendía qué me pasaba. Tenías las piernas como de algodón, las manos traspiradas, el pecho que parecía iba a explotarme. Esa vez ella se mostró más receptiva y hasta me abrazó al final de la terapia diciendo: "me alegro que por fin lo hayas dicho". Ahí sentí alivio y mucha, mucha adrenalina.
Después volví a eludir el tema durante meses, ella me atrapaba por un segundo, y yo me le escapaba. No podía volver a nombrarlo, pero no paraba de trabajar en mi interior. Terminó en año, pasaron las vacaciones y por entonces ya coqueteaba por chat con una chica que había logrado atrapar mi atención. Esas semanas de verano fueron de una actividad interior incesante, arrasadora. No podía dejar de pensar en lo que me estaba pasando, en las ganas de esa mujer que no conocía y en volver por fin a mi terapia a contarle de ella.
Los primeros días de febrero fui entusiasmada a verla. Necesitaba decirle a alguien –no hablé con nadie más que con mi terapeuta de mi sexualidad hasta concretada mi primera relación- lo que me ocurría porque sentía que de otro modo estallaría. Y entonces volví a hablar del tema esta vez sin rodeos: "me gusta una chica", dije, y sentí que era lo más normal del mundo. Y pese a sus intentos de volverme razonable y cautelosa en repetidas oportunidades, ya no permití que sus prejuicios me detuvieran.
Habían pasado 8 años de mi primer intento de hablar de mi sexualidad en terapia y mucho miedo y dolor bajo mi piel hasta que pude lograrlo.
20.2.08
sin palabras
No logro entender cómo esa mina cálida que conocía y sigue sosteniendo que sus hijos somos lo más imporante de la vida es capaz de tanta indiferencia.
31.1.08
apareció y dijo
- te aviso que después que le cuentes a l@s nen@s no me voy a privar de darte un beso, acá ni en ningún lado.
- ... (con cara de sorpresa y "mmmm...cómo me gusta")
- es más, no sólo es porque ahora me muero de ganas de besarte y aunque todo el mundo se da cuenta que somos pareja igual no te puedo tocar. Te voy a besar además como un un acto político. Ya que blanquear** nuestra situación me ha salido tan caro, al menos que sirva para algo. Para que a alguien se le abra una ventanita en la cabeza y los que vienen atrás no tengan que pasar por esto.
- me acabás de enamorar otra vez...
*entre otras cosas había estado leyendo atentamente, de principio a mediados (recién llego al nacimiento de los niños) el blog de Ana de Alejandro y Crix (dosmamis, está linkeado a la derecha) y muchas cosas me quedan haciendo ruido, lo recomiendo ampliamente.
**el costo ha sido más de un año de agresiones in crescendo, mi mujer sin trabajo, amigos perdidos y las relaciones con mi familia destrozadas.
Del dolor ni hablar.
30.1.08
....
En realidad lo que no abunda es tiempo, ni energía.
Espero ansiosa mis vacaciones.
18.1.08
psicología y (des)orientación sexual II
Un par de años más tarde, y aún en terapia con la misma psicóloga del post anterior, había logrado establecer algunos vínculos menos patológicos y tenía varios grupos de amigos. Ya no me involucraba apasionada e intensamente como antes, pero vivía bastante más tranquila. Así apareció en mi vida una chica varios años más grande que yo que de pronto empezó a actuar como solía hacer la tortita que suscribe antiguamente: me buscaba, estaba atenta a mis gustos y necesidades, nos divertíamos, me llamaba 15 veces por teléfono en cuatro horas, nos contábamos la vida, ella caía a mi casa tarde y se quedaba a dormir la mitad de la semana, íbamos para allá, veníamos para acá, empezamos a estar casi todo el tiempo juntas. Hasta que se empezó a poner denso.
Ella tenía sus mambos y yo insistí para que hiciera terapia. Había empezado a tener algunas actitudes que rozaban el acoso y me asfixiaba. Durante prácticamente toda la relación, aún cuando recién nos conocíamos, eran recurrentes las amenazas de una violación lésbica (de su parte hacia la mía), la menciones a la homosexualidad, a las lesbianas del pueblo, las anécdotas de una profesora que ambas tuvimos y se rumoreaba que salía con tal o cual, etc.
Quizá no esté de más aclarar que de nuestra sexualidad no hablábamos, aunque yo –convencida como estaba de que me gustaban los hombres, y que si acaso algún día me gustara una mujer sería incapaz de concretar nada con ella- sospechaba que ella era lesbiana y se había enamorado de mí (cosa que no requería ninguna sensibilidad fuera de lo común dadas las circunstancias…). Eso a mí no me provocaba nada en especial más que la necesidad de que lo reconociera para que pusiéramos las cosas en su lugar, porque ella sufría de solo verme charlar con otra amiga, y se me estaba tornando insoportable su presión. A mí no me movía un pelo.
Un buen día, por fin, se convenció y empezó terapia.
Con mi psicóloga.
Yo no recuerdo haberla mencionado mucho, porque no era un tema de terapia. Sin embargo, fue mi psicóloga la que después de una o dos sesiones de atenderla me sacó el tema y me preguntó "por qué sos amiga de esa chica? Porque tienen mucha diferencia de edad….".
Y otra vez la expresión turbada, el tono grave, la mirada distinta. Ahí pensé: ésta me está queriendo decir otra cosa. Y ahí nomás empezó a decir que bueeeeeeeeno, que creía conveniente que yo pasara menos tiempo con ella, que teníamos intereses distintos (¿?), que blah, que blih, que bleh.
Y yo entonces supe que el problema era que ella también había visto lo que yo veía, que seguramente mi amiga era lesbiana, y que mi psicóloga (a quien yo quería, respetaba, necesitaba, admiraba casi) creía que era una mala influencia para mí. Ergo: la homosexualidad es mala, es conveniente aislar al elemento enfermo, en caso contrario uno puede contagiarse. Y yo al tiempo terminé cortando esa relación de una manera muy perversa, que será motivo de otro post quizá.
Pero me quedé con todo eso en mi cabeza girando en torno al lesbianismo: la gravedad, el temor, lo malo, lo vergonzoso, la necesidad de aislarlo, o aislarlas.
17.1.08
psicología y (des)orientación sexual I
Le debo a la psicología muchas cosas, la principal presumo es estar viva. O al menos viva sin el sentimiento constante de querer morir. Le debo a mis psicólogas el haber sabido acompañarme en momentos muy duros y de mucha soledad en mi vida; les debo algunos gestos impagables que excedieron lo meramente profesional, les debo mi salud mental (aunque quizá no parezca que sea tanta, puedo asegurar que ha mejorado notablemente).
Sin embargo, y en lo que a la homosexualidad respecta, no puedo sentirme tan satisfecha como en otros aspectos (lo que pone en cuestión si es que en esos otros aspectos han sido tan lúcidas como debieran y yo creo lo han sido, pero esa ya es otra historia).
En primer lugar, quisiera destacar que la formación de los psicólogos locales en el tema sexualidades es más bien escasa, algo que ellos mismos reconocen.
En segundo término, y claramente derivado de lo anterior (sin entrar en disquisiciones acerca de lo cultural), es que sus intervenciones (o sus no intervenciones) están viciadas de prejuicios, y eso poco y nada puede ayudar a alguien que está conflictuado con su orientación sexual.
Yo hago terapia desde los 13 años, aunque no de manera ininterrumpida. Sin embargo, unos siete u ocho años de mi vida han estado atravesados por el análisis. Cabe aclarar, también, que mi sexualidad no ha sido un tema central en mi terapia, porque quilombos no me han faltado y por lo que aquí relataré, que ha desplazado el tema hasta que se ha vuelto inevitable.
Respecto al tema que nos trae tengo algunas anécdotas significativas, momentos en los que insinué más o menos concientemente dudas acerca de mi sexualidad y choqué con reacciones inesperadas (para ése ámbito al menos). Y recuerdo claramente que cuando estos episodios sucedieron lo que sentí fue miedo. Miedo a estar enferma, a ser muy mala, a involucrarme en algo grave. A estar a punto de decir algo peligroso.
La primera fue alrededor de mis 15. Yo venía hacía un par de años atravesada por la muerte de varios seres muy queridos, el sentimiento de que mi hermano mayor, algo más que aficionado a las drogas, también podía morirse, la ausencia de mis viejos demasiado ocupados en laburar para mantenernos y en sus propios dolores; todo esto enmarcado en el fantástico cuadro de la adolescencia. Por aquella época y como much@s adolescentes, me "enamoraba" de mis amigas, era capaz de dar la vida por ellas, vivía relaciones encantadoras, profundas, muy intensas. Pero todas, indefectiblemente, terminaban mal.
Yo soy una persona difícil, reconozco. Tengo un carácter fuerte, dirían algunos. Soy temperamental, cabrona, hipersensible. Tengo, además, una capacidad de argumentación que desgasta al más pintado. Así las cosas, cuando mis amigas se alejaban un poco, apenas un poco quizá (ya ni recuerdo muy bien), yo entraba en unas crisis que nadie en su sano juicio podía ni quería soportar. Les quemaba la cabeza, imagino; y yo envuelta, revuelta en mi dolor que no podía además entender sólo empeoraba las cosas cuando necesitaba mejorarlas.
Decía, entonces, que por los 15 yo andaba en eso, y me había hecho una amiga, mi mejor amiga, de la que hoy a la distancia puedo decir que me enamoré de veras, pero entonces no. Y mi amiga un buen día habrá tenido un novio y me rompió el corazón, o se habrá hecho de otras amigas, o las dos cosas, y yo sentí entonces que me resbalaba de la vida, que me moría, que no podría soportar tanto dolor, que no quería, que no tenía sentido. Estaba, realmente, desvastada. Tuvimos hasta nuestra escena de ruptura, en los mejores términos, eso sí, pero fue necesario que nos dijéramos "esto no va más, no podemos seguir así". Parecería que no, pero sólo éramos amigas.
Ella era compañera de escuela, además, por lo tanto el dolor se agudizaba cada mañana cuando veía que ella sí podía seguir su vida mientras yo me desbarrancaba.
Se habrá vuelto tema exluyente de terapia, ya que mi psicóloga de entonces me pidió, si quería, que le llevara lo que había escrito sobre ella. De chica escribía compulsivamente, horas y horas por día, fue mi modo de exorcizarme (cosa que parece ando necesitando nuevamente), así que allí volví con hojas y hojas escritas a ella o sobre ella.
Recuerdo la expresión turbada de mi psicóloga cuando a la sesión siguiente, habiendo leído mis catarsis más íntimas, me balbuceó un "claro…… ejemm….si…. eh…. Fue como un enamoramiento".
Después no sé qué más dijo, recuerdo esa frase, su tono, su gesto, su cuerpo inclinado un poco sobre el escritorio, hacia mí, como cuando uno no quiere levantar demasiado la voz. Y mi miedo, el terror que me disparó todo eso dicho así, porque en alguna parte de mí yo sabía que sí, que efectivamente eso era un amor, que había algo raro en mí, y que ese algo era peligroso, grave, algo a tratar delicadamente.
Entonces me di cuenta que sería mejor que no hablara más del tema. Y no hablé, ni ella indagó.
11.1.08
Algunas formas de nombrarla
Mi madre se ha referido a mi mujer como:
"alguien que está cerca tuyo que no quiero ni nombrar"
"esa"
"la tipa"
"esa basura"
Y mejor no pienso más….
Acabo de notarlo: es gracioso que, pese a las circunstancias, mi madre sea una suegra tan lugar común.
9.1.08
De cómo la conocí
Conocí a mi mujer por intermedio de mi vieja. Mi mujer trabajaba para ella y gozaba de un muy buen lugar a su lado: plena confianza, afecto y, acaso, la proyección de una hija que hubiese querido tener en lugar de la que tiene (es decir, la que suscribe). Mi mujer cumplía las fantasías de continuidad que yo, por distintos motivos, no cumplo ni posiblemente cumpla jamás: casada, dos hij@s, buena gente, docente, militante, artista, femenina, coqueta. Nos conocíamos hacía ya algunos años, pero después de una fiesta con su consecuente borrachera compartida, nos hicimos amigas. Y mi madre, recientemente anoticiada de mi homosexualidad, alentó esa relación. Cuando digo "alentó" no digo que dijo "qué bien hija, es una buena chica, me alegra que se hagan amigas". Digo que me habló maravillas de ella, que contribuyó para que vacacionemos juntas pagando los pasajes…. a ella! y otros detalles que cobran sentido sólo conociendo el universo de mi madre.
Como mi vieja es bastante impenetrable en lo que a sus sentimientos refiere, y conociéndola, me animo a creer que en alguna parte ella creía que mi mujer sería buena influencia para mí. Que con su probada heterosexualidad (tenía un ex marido y dos hij@s, qué más se necesita?) quizá me llevaría por el buen camino. Yo acababa de terminar mi primera relación lésbica, estaba destrozada y mi madre puede haber creído que era algo pasajero. Que, pasado el capricho, regresaría a la buena senda. Digo, qué se yo. Son conjeturas ya que si bien el diálogo entre nosotras siempre fue difícil, en torno a mi sexualidad se ha tornado imposible.
En fin… la cuestión es que un par de años más tarde mi amiga dejó de ser mi amiga y se convirtió en mi pareja. Y de ahí a convertirse en el demonio, sólo un paso….
8.1.08
a modo de presentación
Porque lo que vuelque aquí no será más ni menos de lo que hay de este otro lado de la pantalla.
Vale decir que no es mi primera incursión en el mundo bloggeril, pero en las anteriores (ya muertas, QEPD) quizá no prosperé por intentar que haya más de lo que realmente hay.
En otras el esmero por ocultar la identidad "oficial", por llamarlo de algún modo a esto de nombre completo, dni, señas físicas y demás; iba en contra de mi querer decir(me).
Por eso, ahora, simplemente, esto es lo que hay. El blog de otra torta.
"Es lo que hay", además, fue una frase muy requerida por mi familia en el año que pasó, y lo que pasó con mi familia será posiblemente un tema central en este blog. Es lo que hay como muletilla para justificar lo poco que había.
Y para irnos conociendo, algo de lo que hay es: una mujer casi al borde de los 30 un poco más golpeada de lo necesario por la vida, a la que le gustan las mujeres en general y enamorada de una en particular, con una familia de origen hecha pedazos por tragedias e incapacidades varias, y una familia de adopción (la de mi mujer con sus hij@s) en plena construcción.
Quizá este sea otro blog trunco, quizá sólo sirva para destilar el dolor acumulado y que me pide salir, quizá sea otro infantil intento de llegar a ustedes (mamá, papá) o quizá no...
Lo que realmente quisiera es poder ir un poquito más allá de lo meramente personal y poder problematizar, en el sentido cabal de la palabra, lo que le sucede a mujeres como yo en circunstancias similares. Y aportar algo a la tan mentada visibilidad homosexual, que tanto agradezco a otr@s más valientes que yo que con sus salidas públicas del armario y su mayor o menor exposición ayudan a otros -me han ayudado a mí- a vivir mejor.
Si mi exposición no es mayor y me reservo algunas señas personales se debe únicamente a que hay dos menores viviendo en una ciudad relativamente pequeña siempre ávida de chismes involucradas en esta historia. En mi historia.
En fin... es lo que hay. Sean ustedes bienvenidos.