9.1.08

De cómo la conocí

Conocí a mi mujer por intermedio de mi vieja. Mi mujer trabajaba para ella y gozaba de un muy buen lugar a su lado: plena confianza, afecto y, acaso, la proyección de una hija que hubiese querido tener en lugar de la que tiene (es decir, la que suscribe). Mi mujer cumplía las fantasías de continuidad que yo, por distintos motivos, no cumplo ni posiblemente cumpla jamás: casada, dos hij@s, buena gente, docente, militante, artista, femenina, coqueta. Nos conocíamos hacía ya algunos años, pero después de una fiesta con su consecuente borrachera compartida, nos hicimos amigas. Y mi madre, recientemente anoticiada de mi homosexualidad, alentó esa relación. Cuando digo "alentó" no digo que dijo "qué bien hija, es una buena chica, me alegra que se hagan amigas". Digo que me habló maravillas de ella, que contribuyó para que vacacionemos juntas pagando los pasajes…. a ella! y otros detalles que cobran sentido sólo conociendo el universo de mi madre.

Como mi vieja es bastante impenetrable en lo que a sus sentimientos refiere, y conociéndola, me animo a creer que en alguna parte ella creía que mi mujer sería buena influencia para mí. Que con su probada heterosexualidad (tenía un ex marido y dos hij@s, qué más se necesita?) quizá me llevaría por el buen camino. Yo acababa de terminar mi primera relación lésbica, estaba destrozada y mi madre puede haber creído que era algo pasajero. Que, pasado el capricho, regresaría a la buena senda. Digo, qué se yo. Son conjeturas ya que si bien el diálogo entre nosotras siempre fue difícil, en torno a mi sexualidad se ha tornado imposible.

En fin… la cuestión es que un par de años más tarde mi amiga dejó de ser mi amiga y se convirtió en mi pareja. Y de ahí a convertirse en el demonio, sólo un paso….


 

No hay comentarios: