Le debo a la psicología muchas cosas, la principal presumo es estar viva. O al menos viva sin el sentimiento constante de querer morir. Le debo a mis psicólogas el haber sabido acompañarme en momentos muy duros y de mucha soledad en mi vida; les debo algunos gestos impagables que excedieron lo meramente profesional, les debo mi salud mental (aunque quizá no parezca que sea tanta, puedo asegurar que ha mejorado notablemente).
Sin embargo, y en lo que a la homosexualidad respecta, no puedo sentirme tan satisfecha como en otros aspectos (lo que pone en cuestión si es que en esos otros aspectos han sido tan lúcidas como debieran y yo creo lo han sido, pero esa ya es otra historia).
En primer lugar, quisiera destacar que la formación de los psicólogos locales en el tema sexualidades es más bien escasa, algo que ellos mismos reconocen.
En segundo término, y claramente derivado de lo anterior (sin entrar en disquisiciones acerca de lo cultural), es que sus intervenciones (o sus no intervenciones) están viciadas de prejuicios, y eso poco y nada puede ayudar a alguien que está conflictuado con su orientación sexual.
Yo hago terapia desde los 13 años, aunque no de manera ininterrumpida. Sin embargo, unos siete u ocho años de mi vida han estado atravesados por el análisis. Cabe aclarar, también, que mi sexualidad no ha sido un tema central en mi terapia, porque quilombos no me han faltado y por lo que aquí relataré, que ha desplazado el tema hasta que se ha vuelto inevitable.
Respecto al tema que nos trae tengo algunas anécdotas significativas, momentos en los que insinué más o menos concientemente dudas acerca de mi sexualidad y choqué con reacciones inesperadas (para ése ámbito al menos). Y recuerdo claramente que cuando estos episodios sucedieron lo que sentí fue miedo. Miedo a estar enferma, a ser muy mala, a involucrarme en algo grave. A estar a punto de decir algo peligroso.
La primera fue alrededor de mis 15. Yo venía hacía un par de años atravesada por la muerte de varios seres muy queridos, el sentimiento de que mi hermano mayor, algo más que aficionado a las drogas, también podía morirse, la ausencia de mis viejos demasiado ocupados en laburar para mantenernos y en sus propios dolores; todo esto enmarcado en el fantástico cuadro de la adolescencia. Por aquella época y como much@s adolescentes, me "enamoraba" de mis amigas, era capaz de dar la vida por ellas, vivía relaciones encantadoras, profundas, muy intensas. Pero todas, indefectiblemente, terminaban mal.
Yo soy una persona difícil, reconozco. Tengo un carácter fuerte, dirían algunos. Soy temperamental, cabrona, hipersensible. Tengo, además, una capacidad de argumentación que desgasta al más pintado. Así las cosas, cuando mis amigas se alejaban un poco, apenas un poco quizá (ya ni recuerdo muy bien), yo entraba en unas crisis que nadie en su sano juicio podía ni quería soportar. Les quemaba la cabeza, imagino; y yo envuelta, revuelta en mi dolor que no podía además entender sólo empeoraba las cosas cuando necesitaba mejorarlas.
Decía, entonces, que por los 15 yo andaba en eso, y me había hecho una amiga, mi mejor amiga, de la que hoy a la distancia puedo decir que me enamoré de veras, pero entonces no. Y mi amiga un buen día habrá tenido un novio y me rompió el corazón, o se habrá hecho de otras amigas, o las dos cosas, y yo sentí entonces que me resbalaba de la vida, que me moría, que no podría soportar tanto dolor, que no quería, que no tenía sentido. Estaba, realmente, desvastada. Tuvimos hasta nuestra escena de ruptura, en los mejores términos, eso sí, pero fue necesario que nos dijéramos "esto no va más, no podemos seguir así". Parecería que no, pero sólo éramos amigas.
Ella era compañera de escuela, además, por lo tanto el dolor se agudizaba cada mañana cuando veía que ella sí podía seguir su vida mientras yo me desbarrancaba.
Se habrá vuelto tema exluyente de terapia, ya que mi psicóloga de entonces me pidió, si quería, que le llevara lo que había escrito sobre ella. De chica escribía compulsivamente, horas y horas por día, fue mi modo de exorcizarme (cosa que parece ando necesitando nuevamente), así que allí volví con hojas y hojas escritas a ella o sobre ella.
Recuerdo la expresión turbada de mi psicóloga cuando a la sesión siguiente, habiendo leído mis catarsis más íntimas, me balbuceó un "claro…… ejemm….si…. eh…. Fue como un enamoramiento".
Después no sé qué más dijo, recuerdo esa frase, su tono, su gesto, su cuerpo inclinado un poco sobre el escritorio, hacia mí, como cuando uno no quiere levantar demasiado la voz. Y mi miedo, el terror que me disparó todo eso dicho así, porque en alguna parte de mí yo sabía que sí, que efectivamente eso era un amor, que había algo raro en mí, y que ese algo era peligroso, grave, algo a tratar delicadamente.
Entonces me di cuenta que sería mejor que no hablara más del tema. Y no hablé, ni ella indagó.
3 comentarios:
Por un momento pude ver la cara de tu psicóloga enfrentando su cobardía... tal vez porque la he visto en el rostro de alguno de los muchos psicólogos que han pasado por mi diván, jejeje. Gracias por tu comentario en mi "Burbuja". Parece que hay mucho en "es lo que hay". Te agrego a mi blog.
Yo soy heterosexual pero hace no mucho tiempo tuve una experiencia extrañamente deliciosa con una amiga muy querida. Sin darnos cuenta nos fuimos enamorando y hasta la fecha es la persona con quien más he intimidado. Con ella aprendí el verdadero y más puro significado del amor sin necesidad de sexo... Tuvimos nuestros momentos de "susto" por la atracción que sentíamos pero fuimos lo suficientemente maduras para entender que la conexión entre ambas era especial y que estábamos viviendo libremente nuestra historia. Fue hermoso!!
Con esto quiero decirte que entiendo -en parte- esto que cuentas en tu blog y me da tristeza saber que aún existe gente en el mundo que juzga o no le da el valor necesario a los sentimientos de personas como tú.
Reitero mi apoyo emocional hacia tí y aplaudo la convicción con que enfrentas tu vida.
Besos miles!!!
mariasimona:
como verás, el tema de mis psicólogas viene en capítulos, eso significa que sus caras siguieron...
sos psicóloga? me resultó confuso eso de que "han pasado por mi diván".
ceteris paribus (o la del nombre complicado):
qué bueno que hayas podido vivir esa experiencia con libertad, le hayan dado el nombre que le hayan dado.
La gente que no entiende, juzga y hasta condena sigue siendo la suficiente como para que muchos suframos pérdidas importantes por ser "así"; o como para que su mirada omnipresente logre "asustar" a gente como vos o tu amiga...
Gracias por el apoyo.
Saludos
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