26.2.08

Hubo un tiempo que fue hermoso

O quizá no tanto ¿no? Pero lo pretendíamos.

Hubo un tiempo en que volver a mi ciudad era una alegría para mis padres, hasta un reclamo insistente a veces. Hubo un tiempo en que sabía que era bienvenida y que podría pedirle a mi mamá alguna de mis comidas favoritas, de esas que le salen tan bien. Hubo un tiempo durante el cual tuve la tranquilidad de saber que contaba con un techo, que siempre contaría con un techo al que podía llamar "mío" porque mis padres lo habían construido para mí y mis hermanos.

Hubo un tiempo en el que la heladera estuvo llena cada día, estuvo incluso hasta demasiado llena a veces. Hubo un tiempo durante el cual me creí aquello de que los padres están siempre para lo que sea y pese a todas las cagadas que los hijos nos mandamos. Hubo un tiempo que soñé que esa casa que construyeron pensando en que la ocupe el primero de sus hijos que volviera al terruño podía llegar a ser mía, entonces, puesto que soy la única que está volviendo y que posiblemente vuelva jamás.

Hubo un tiempo en el que mis amistades eran bienvenidas a su mesa. Hubo un tiempo en que su casa, la casa de mis viejos, era mi casa. Hubo un tiempo en el que se suponía íbamos a cuidar siempre unos de otros.

Hubo un tiempo en que "nosotros" quería decir mis viejos, mis hermanos y yo.

Hoy hace poco más de dos meses que no los veo. Casi el mismo tiempo que no los llamo. Vuelvo casi cada semana a mi ciudad pero no soy invitada a su mesa. No tengo casa y el alquiler que pago representa el 60% de mi sueldo. Mi heladera consume más de lo que conserva. Durante este último año he hecho decenas de trabajos que ni sabía era capaz, para detener la estruendosa caída de nivel de vida que protagonizo, mientras el resto de mi familia de origen vive muy tranquilamente. Mis seres queridos tienen vedado el ingreso a cualquier lugar significativo de mi historia. Yo misma siento que ya nunca podré recuperar lugares y objetos significativos de mi historia.

Hace meses, meses, que no pruebo algunos sabores que me acompañaron toda la vida. Se me empiezan a borronear sus caras vistas de cerca, algunos detalles de sus manos, sus olores. Papá debe tener menos pelos, más canas, seguirá tan tenso e infeliz como siempre; la piel de mi mamá debe seguir afinándose y sus carnes deben estar más blandas, de ella conservo más presente el color de su voz porque cada tanto me llama o sé de ella.

Mi perra estará más vieja y más boba, se mearía encima si me viera. ¿La gata vivirá todavía?

Qué habrá sido de mi cuarto? Y de mis cosas?

Ya no hay nosotros para mí, sólo ellos.

3 comentarios:

marga dijo...

quedate con los buenos recuerdos y mirá de ahora en más para adelante
hay cosas que no tienen solución, no pierdas el tiempo amargándote
lo digo por experiencia
salu2

tortita dijo...

Gracias Marga, es lo que intento... este blog es mi modo de hacer el duelo, sospecho.
Pero no es fàcil, sabràs tambièn...
Hoy me siento llena de resentimiento, y me enferma eso.

Anónimo dijo...

Yo estuve peleado con mi familia por años. Creo que uno debe amigarse. Entender que sigue queriendo (es evidente por tu post) y que el amor de familia es incondicional. Las relaciones de familia no son incondicionales, uno los puede seguir queriendo pero no querer verlos. Lo que no se puede arreglar es la diferencia profunda en cuanto a la/tu sexualidad. Mis conflictos con mi familia no eran sexuales pero eran profundos. Muchos lo siguen siendo. Cambiar el encuadre. No vayas a confrontar, encontra los lugares donde se coincide.
Suerte, quizás te sirva.
Me gusta tu blog.
Saludos.